miércoles, 11 de septiembre de 2019

Hágase tu Voluntad

Me resulta extremadamente difícil hablar de esto. Por eso lo estoy escribiendo.

Se trata de la fe, de la mía. Y de una pequeña epifanía que he tenido en el último tiempo.
Y es que, aunque muchas personas pensarían que por estar rodeada de amor, sumado al hecho de vivir en Europa estoy en la gloria (y en parte si, sobretodo en la parte de amar y ser amada, comprendida y apoyada), a veces no es tan simple. Sobretodo en la parte en que los trámites de la convalidación del título se ven entrampados en montañas de burocracia que parecen no despejarse a la velocidad que querría, motivo por el que no gano dinero del Hospital. Sólo experiencia y aprendizaje. Y mientras espero y espero, me llevo muchas veces la desilución de que las cosas no ocurren como lo planifiqué o deseé. Todo esto suena más simple por escrito que lo que en realidad es. Sobretodo considerando que mi horario de Hospital es incompatible con tener otro trabajo en el tiempo libre. En fin, no se trata de eso. Ese es sólo el contexto.

Reflexionando con Lea en los últimos meses, hemos concluído mucho que la oración no es para lograr que Dios haga lo que uno quiere, sino más bien para aprender a aceptar sus planes y obtener  paz conforme a eso. Sería ridículo, en nuestra forma de verlo, pensar que el curso de la historia podría ponerse en juego cada vez que uno desea que algo suceda de alguna forma, por tener prioridad los planes personales frente a los globales. O simplemente ganaría el mundial de fútbol siempre el país con mayor número de creyentes.

Eso en la práctica suena simple, pero cuando llega la hora de sudar la gota de la desesperación, es imposible no orar diciendo: esto es lo que yo quisiera, pero confío en tu voluntad y te pido que me ayudes a aceptarla pese a no entender nada. Sé que no soy la parte más importante de esta historia, sólo acompáñame y ayúdame a enfrentar el presente y no perder el norte mientras espero. Y de nuevo, suena más simple en la capilla del hospital que en las salas con los pacientes, y el personal, y mi alemán no perfecto, y las dudas que pueden surgir al respecto entre quienes toman las decisiones sobre el avance de mis trámites.

Y así es como cada día lo pido en la capilla y lo sudo en la vida. Como lo mantengo, mientras veo a alguien oir mi relato y desesperarse y empiezo a pensar en que quizás las cosas podrían ser un poco más rápido. Finalmente, desde fines de Enero que lo único que espero es conseguir una hora para un Examen. Aún no tengo ni que pensar en darlo, ni hay un cronómetro indicándome cuánto me falta.
Y no tener fechas es aún más angustiante.

Hace una semana colapsé, lloré y me desesperancé. Nuevamente pedí a Dios: ayúdame a mantener el foco correcto. Quizás no existe realmente un propósito personal para esto (sino que simplemente no tengo ningún grado de preferencia, lo que fuera de todo es bastante justo), pero ayúdame a sacar provecho de este proceso.

Y en eso si que encontré una respuesta. En mis pacientes.
No puedo hablar específicamente de ellos, pero convengamos en que son personas con problemas muy reales: Edad muy avanzada, fracturas y muchas comorbilidades que en algunos casos se complican en el proceso de ser operados. Personas para las que sus fracturas marcan un antes y un después en la historia de su autovalencia.

Hace unos días, uno de ellos estuvo de cumpleaños (más de 90). En el proceso de cantar cumpleaños, él quiso cantar una canción que le gustaba, y así fue como descubrió que su canción le gustaba al resto de los pacientes. Algo así como un Hit de los años 40, supongo. Y empezaron a cantar todos. Luego de eso, podía verlo a la hora de la terapia cantando mientras lo movilizaban. Luego, al día siguiente, más viejitos cantaban junto a él. Para el lunes de esta semana, hasta tenían un cancionero.
Escucharlos cantar casi me ha hecho llorar, muchas veces. Pese a lo difícil que es su proceso, pueden disfrutar el momento de estar en compañía de personas nuevas.

Esta semana también se fue de alta otro de los pacientes, y antes de irme me dijo: Estoy agradecido de haberme quebrado la cadera, porque tuve que esperar toda mi vida para aprender lo que he aprendido aquí. Nuevamente, la potencia de sus palabras me resultó arrolladora.  ¿Cómo se puede disfrutar el presente, si en realidad está lleno de incertidumbres?¿Cómo puede ser que alguien con problemas tan reales (muchos más reales que los míos), se alegre de tenerlos porque ellos conllevan un aprendizaje?.

Sólo he pensado en eso esta semana (bueno, después de atender a los Pacientes y todo lo que es práctico en el hospital). Cada día, vuelvo a la capilla, y le pido a Dios que me ayude a someterme a su propósito sin dudar. A veces, he pensado que las cosas más difíciles de mi vida, a la larga pudieron ser resignificadas positivamente pese a haber dolido mucho en su momento. Sólo pido hayar un significado para la espera. Un aprendizaje para la vida. No espero un proceso fácil, no espero un jardín de rosas.

Hoy, al terminar la jornada, partí de nuevo a la capilla. Pero esta vez no estaba sola. Había una familia adentro. Hasta con un bebé. Lloraban desconsolados frente al altar. Podía escuchar su lamento, mientras se derramaban ahí, frente a mis ojos. No sabía qué los tenía ahí. Pensé que quizás un familiar de ellos estaba grave. Y entonces pensé que Lea y yo estamos sanas y tenemos un lindo hogar. Que mi familia en Chile está bien. Que no nos hace falta nada, pese a que realmente sumamos muy poco entre las dos. Que nos tenemos entre nosotras y que nos comprendemos y apoyamos. Que todo, salvo este proceso burocrático lenteja, nos ha salido bien. Mientras los veía, con algo de estupor, caí en cuenta de que sólo he estado pensando durante semanas en un papel, y olvidando lo realmente afortunada que soy en todos los sentidos. No quise salir, ni moverme, para no interrumpir. Uno de ellos, se acerca a un libro de peticiones que hay sobre una mesa y comienza a escribir. Se toma su tiempo. Escribe y escribe, y llora mientras tanto. Escribe tanto tiempo, que no podría imaginar qué era lo que estaba colocando ahí. Cuando se fueron, finalmente hice mis oraciones. Esta vez fue en parte por consuelo para ellos, y muchos agradecimientos por todo lo que tengo y no normalmente no veo.

Finalmente, cuando me paro, y antes de salir de la sala. Quise ver por quién estaban pidiendo en el libro. Entonces me encuentro frente a un largo texto que, en resumidas cuentas, era un texto desgarrador de acción de gracias. Tiernas palabras para Dios, dando gracias por los diez hermosos años que habían tenido a su hijo junto a ellos, quien les había enseñado del amor y de la vida, y a quien siempre recordarían con todo el amor de su corazón. Una vez más, me sentí arrollada por el momento. Si los abuelos cantando felices ya me habían golpeado con su experiencia, esto fue un camión que me pasó por encima.

Gracias, Dios mío, por este engorroso proceso. Gracias, porque todo lo que tengo es inmerecido. Que se haga tu voluntad. Sólo te pido que sigas moldeando mi corazón de acuerdo a tus propósitos.


No hay comentarios.:

Publicar un comentario