martes, 14 de febrero de 2017

Arenito y los Colas Reprimidos x Jesús

Supe hace un par de días que Arenito, un joven que fue abiertamente homosexual en un programa de adolescentes de hace unos años atrás, había reaparecido en TV, ahora convertido en cristiano evangélico… y aparentemente heterosexual. Y que había hablado abiertamente de su proceso, Logrando que las redes sociales ardieran en su contra. Inicialmente, considerando que jamás conocí al personaje, sólo pensé en que era una traición, convencida por lo que había leído. Entendí que había dicho cosas muy malas sobre los Colas, que eran incapaces de sentir amor, que estaban traumatizados, que eran una perversión, que estaban confundidos en sus roles, y que más encima había aprovechado de pronunciarse en contra de que otras colas que no fueran reprimidos como él, pudieran decidir casarse o no. Todo un espectáculo, horriblemente triste. Luego vi el programa y entendí que todo esto estaba en el contexto de un relato testimonial, y que todo lo que afirmó fue en términos de su historia personal y sus creencias religiosas.

 Después de oírlo mi cabeza explotó (como de costumbre), y pensé mucho en la vida, y en cómo alguna vez pensé como él, basada en le fe que me inculcaron mis padres, y en la vida en la comunidad de los creyentes, usé la Biblia en mi contra tantas veces, tapada de culpa y memoricé y repetí mil veces versículos que pensaba que me ayudarían para no asumirme, como “os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional”, y  “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame”. Cuánto me torturé interpretando versículos como la exigencia de Dios de convertirme en heterosexual, de negar lo que estaba sintiendo. Pensé en los esfuerzos “para que me guste X”, mientras moría por Y. En la culpa, en el secreto, en la sanidad interior, la terapia, el grupo de apoyo virtual de Exodus Latinoamérica y todo lo que hice alguna vez. Me recordé a mí misma enseñando alguna vez en el grupo de jóvenes que la homosexualidad era la inversión del diseño de Dios, un pecado terrible, mientras mi corazón latía a toda velocidad por una chica. Me recordé suplicando tantas veces a Dios que me convirtiera en heterosexual. Y luego al fondo de todo este problema: La fe. Ese sentido de la vida predeterminado, y el sabor dulce de tener esperanzas en un mundo distinto de este, donde reinaría la paz, ese escudo de sueños para enfrentarse al dolor y al sinsentido de la vida. La eterna explicación de que “todo tiene un propósito” aplicable a todo, La Biblia como respuesta a todos los problemas y la presencia constante de un Padre literalmente mudo, pero con buenas orejas, que te acompaña y protege. Y la enseñanza de su incompatibilidad con la diversidad sexual, su proscripción en los círculos cristianos que obliga a las personas a decidir. Sé que, para alguien nacido en otro contexto, todo lo que he mencionado anteriormente es absurdo. Pero cuando estás ahí no lo es. Es la realidad.

 Pensando en eso, ya no pude tener más rabia por él, aunque si pena y desesperanza en relación a sus proyectos de heterosexualidad. En su propia realidad, la libertad que él tuvo (o al menos expresó) alguna vez, no se compara con tener esto. Sobre todo si su experiencia “afuera del rebaño” fue dolorosa, y regresó a este en medio del duelo de la muerte de su mamá, quien le había inculcado inicialmente la Fe.

 Es verdad, no le creo que sea heterosexual, es tan fácil afirmarlo respaldándose en versículos como “Es pues la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”, y autoconvencerse de que creyéndolo a ciegas será capaz de cambiar la realidad. Creo que es un gran escupitajo al cielo que afirme ser totalmente heterosexual, y que tarde o temprano le caerá en la cara como a muchos nos cayó antes. O quizás tenga más fuerza de voluntad. Creo que la presión de no pertenecer a una clase sospechosa, la de LGBT reprimido, hijo de nadie, Odiado por cristianos y ateos, considerado traidor por la comunidad LGBT y un bicho raro, “cristiano falso porque no se le ha pasado” (léase como un título), le da aún más sustento a una decisión así. Mejor ser ExGay Célibe, que ser Gay CélibexJesús. Al menos así alguien te apoyará.


 Y aunque sé que el aludido jamás leerá esto, sólo quisiera imaginar que sí, y decirle que empatizo con lo que está pasando y aunque no esté para nada de acuerdo con lo que hace, entiendo que es parte de su proceso de búsqueda de la felicidad. Que sólo le pediría no aporte más en sembrar dolor en jóvenes que ahora están creciendo y se ven bajo la presión de perder su fe/sentido de la vida por descubrirse LGBT, que no le de material a esos papás que lo usarán de ejemplo para poner a la hija entre la espada y la pared. Que, en estos sentidos, debe ser empático y cuidadoso con sus palabras, que tienen más impacto que el que puede ver… y que me encantaría que alguna vez se sienta feliz siendo quién es, y que no tenga que vivir sintiéndose menos (como quedó bastante claro en la entrevista) porque fue/es cola y porque se le nota la pluma, aunque la esconda. Que conozca el amor, sea con quien sea. Me da lo mismo de qué sexo. Y que si alguna vez (como es muy probable que pase) cae el escupitajo y viene la tormenta (juicio y destrucción del entorno), pueda ser honesto y logre una de dos: o librarse una vez y para siempre de la fe, o ser capaz de seguir viviéndola sin que implique para sí un trago amargo.
Nada más.


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