Mujer mayor. Cursando una complicación grave de un cáncer con el que vive hace varios años y contra el que ha luchado con fiereza junto a su esposo. Él, sentado al lado de la cama. Ella no se mueve, tiene los ojos semicerrados, mira un punto fijo. Una sonda la alimenta y una vía venosa la hidrata. Él le masajea las piernas (flácidas, inmóviles) con crema.
Yo me acerco y miro. Entonces me pregunta si su mujer tiene posibilidades de salir de esta. En realidad no es mucho más lo que puedo aportar yo a lo evidente. Lo llevo a un sitio especial, le explico con plumón y pizarra en qué consiste la complicación de su esposa y por qué sus posibilidades de vivir son escasas, y de que vuelva a "como era antes" son prácticamente nulas. En ese momento él se siente en confianza, y empieza a hablar. Ambos están casados hace 40 años, fueron novios desde el colegio. Juntos tuvieron hijos, los criaron y los vieron partir en pos de sus propias familias. Quedaron solos. Luego vino el cáncer.
Le explico que es importante que, aunque sea hombre criado a la antigua busque un apoyo ahora que no lo puede apoyar ella. Un amigo, un consejero, un sacerdote, alguien con quien pueda desahogarse ahora que está totalmente entregado al cuidado de su esposa. En ese momento él empieza a llorar desconsoladamente, y se refiere a sus ojos. Me dice que él se siente lleno de tener la mirada satisfecha de ella con los cuidados que le otorga, pese a que sabe que ella sufre, y él sufre con ella. Que él daría lo que fuera porque mejorara un poquito para llevarla a casa, que ya sabe de cuidados, lleva tiempo haciéndolo. Me relata como fue , hace unos años, cuando ella ya no pudo desplazarse y él tuvo que empezar a cargarla y trasladarla. Luego ya no pudo alimentarse, entonces él empezó a prepararle comidas especiales y dárselas a la boca. Luego ya no pudo controlar esfínteres, y cómo aprendió a extraerle las deposiciones manualmente, a curarle su potito, a colocarle cremitas, a luchar para que esté en las mejores condiciones si es que se recupera la causa de base, que no mejorará.
Entre medio de eso, entre llorando y riendo, anécdotas de cuando eran jóvenes, de cuando nacieron sus hijos, de cuando armaron su casita, de 40 años de luchar codo a codo por sostener una casa. De su jubilación... y luego la enfermedad de su esposa. Me pide que le avise si es que sospecho que la muerte se acerca, que sabe que puede ocurrir. Sólo quiere que ella se vaya viendo sus ojos.
Entre medio de eso, entre llorando y riendo, anécdotas de cuando eran jóvenes, de cuando nacieron sus hijos, de cuando armaron su casita, de 40 años de luchar codo a codo por sostener una casa. De su jubilación... y luego la enfermedad de su esposa. Me pide que le avise si es que sospecho que la muerte se acerca, que sabe que puede ocurrir. Sólo quiere que ella se vaya viendo sus ojos.
Lo abrazo. Mi mente agradece. Si pudiera lloraría con él, en sus palabras he conocido un poco más de qué significa la palabra amor.

Es realmente hermoso. Lo más lindo es que la realidad supera lejos a la ficción y las más grandes historias de amor están ahí, en un turno, en la micro o en un café... esperando a que las descubramos.
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Gracias por compartir esto Pau: es maravilloso conocer este tipo de historias, que de verdad inspiran y te hacen pensar que vale la pena vivir y que se puede vivir con amor y ternura en los momentos mas difíciles. Realmente, esperanzador. =D
ResponderBorrarGracias por el escrito, te mando muchos besos y abrazos amada amiga, gracias por refrescarme el alma
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