Frente a frente. No pueden verse,
pero ambas caminarán hoy hacia el más allá. Hay familiares que lloran, ¿Quién
sabe si es que ellas escuchan?. Una de ellas, con sus ojos abiertos mira fijamente,
como si pudiera observar la eternidad. Y respira… Pausa. Respira, pausa más
larga… Sus hijas acarician su rostro mientras la observan, es la última vez que
verán los ojos de la mujer que les dio la vida, que las crió y les dio todo lo
que son. El marido, espera resignado. Ya han sido años de una penosa
enfermedad. Ella merece descansar.
En la cama del frente, no se
esperaba. Sólo una hija acompaña. Su madre hace varios días que ya se
desconectó de este mundo y sólo regresa parcialmente cuando su familia está con
ella. Parió 10 hijos que ya son adultos mayores y su marido, igual de anciano
que ella, es traído en ocasiones a verla. Todo un mérito, pocos caminan pasando
los noventa años. Con los ojitos cerrados, es posible vislumbrar luego de una
larga estadía hospitalaria llena de dolor que la paz la ha embargado. Se irá. Y
respira… pausa. Respira… pausa más larga, Respira… y ya no está más.

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