domingo, 2 de noviembre de 2014

Nicolás y sus papás. No puedes evitar que tu hijo conozca otras realidades.

Hace unos días que salió el cuento Nicolás tiene dos papás (Que puedes encontrar aquí) y casi nadie se ha guardado su opinión. En medio de la pirotecnia política, donde los partidos conservadores corren presurosos en búsqueda de un manojo de votos que pueda asegurarles el escaño, el tema se ha mantenido permanentemente en los medios, por más de una semana.

 Los más asustados, cristianos comprometidos, con ideales que ya nadie practica en esta época, lo ven como una tormenta moral que se aproxima, y desde ese terror es que se enfrentan al tema. Los que estamos familiarizados con el asunto difícilmente podemos entender el miedo que la homosexualidad provoca en algunas personas, y es difícil ya que vemos que, pese a que consideran que es pecado, al parecer casi todo también lo es, y no por eso les atemoriza.

Sin embargo, a raíz de las opiniones que han surgido desde la conmemoración del día de las Iglesias Evangélicas (si, está claro que tengo algo con ellas. Todos estamos definidos en gran medida por nuestra historia), he sentido ganas de escribir.

Por supuesto que es legítimo que una persona que cree y practica una fe determinada entienda que algunas situaciones están prohibidas para él según sus creencias. Así como tener relaciones sexuales sin fin reproductivo para un católico y Divorciarse y volverse a casar para una persona evangélica, tener una pareja del mismo sexo y el querer realizarse en la construcción de una familia en común es pecado para muchas personas. Por este motivo, algunos se oponen incluso a que sus hijos sepan que existe esta realidad, por si pudiera parecerles atractiva (algo así como "si mi hijo es homosexual, quizás si nunca conoce esa realidad no se da cuenta y no peca"). Sin embargo, impedir el acceso a la información escrita no quita que la realidad siga aquí. Los hijos de parejas del mismo sexo existen y no van a desaparecer porque el cuento sea leído o no.

Entonces me queda la duda, ¿Qué harían unos papás cristianos anti-colas si se enteran que su hijo o hija está en contacto con un profesor homosexual, o con un compañero criado por una pareja del mismo sexo?. Dos opciones, educar o violentar. Y educar no para la violencia ("ve y encara a tu compañero, dile que su mamá es una degenerada porque se quedó embarazada sin casarse"), sino tener la capacidad de transmitir a los hijos que aún cuando uno tenga convicciones muy claras con respecto a un tema, el respeto del otro como ser humano debe primar. La hija de las mamás lesbianas tiene tanto derecho a vivir tranquila como el hijo de la mamá soltera y los gemelos hijos del pastor (que a los niños evangélicos también los molestan en la escuela).
Los hijos de parejas del mismo sexo existen, y cada vez están menos escondidos. No tiene sentido ocultar la realidad. Mejor desde ya empezar a pensar cómo abordarla.
Y, aunque a mi me parecería trágico (porque he perdido la fe en la mayoría de los cristianos), es posible que el día de mañana incluso suceda que algún niño de la escuela dominical invite un domingo a su compañerito criado por papás gay. ¿De verdad el único plan es seguir tapando el sol con un dedo?


Por este motivo, tomé el formato del cuento, pero para relatarlo desde la perspectiva de una hija de pastor con una compañera hija de lesbianas. La verdad es que, aunque es fácilmente predecible que algunos padres quieran actuar como esta historia, espero que el valor de la empatía nos entregue otro camino: el respeto mutuo.
Está claro que no sé dibujar, hice lo mejor que pude.
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Síntique tiene seis años, es Hija de un Matrimonio Cristiano Evangélico militante anti-cola, y vive en Antofagasta, Chile.






2 comentarios:

  1. Es claro mi estimada que en gusto no hay nada escrito, pero en cuanto a principios si hay bastante. La fe cristiana evangélica se establece a través de la Escritura y ella es nuestro fundamento, sin ella somos barcos a la deriva y con ella tenemos dirección y sentido en nuestro caminar diario. Es obvio que no podremos ponernos de acuerdo con aquellos que postulan apertura y tolerancia, pero que a la hora de practicarla ella brilla por su ausencia. Es cuestión de observar solo un poco a Rolando Jimez, el es ejemplo de la intolerancia y es de dominio público que dentro de sus afiliados en su agrupación lo consideran de este modo. Esperemos que muchos despierten de este pensamiento errático de moda que pretende hacerse normal para todos y que desde luego no es normal, ni natural y que no nos traerá mejores dividendos a nuestro futuro.

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  2. Ramón, Rolando Jiménez es la cara visible de un grupo determinado que puede que tenga unas decenas de miembros (a lo sumo), no de todas las personas de la diversidad. Achacarle a todos los homosexuales la responsabilidad de cualquier cosa que él pueda decir a título personal (por ejemplo si el es ateo, o si ejerce el voto hacia un lado u otro) es exactamente lo mismo que asumir que porque usted es evangélico entonces comparte el pensamiento de cualquier pastor que salga en TV, como Alfredo Cooper, Emiliano Soto, Pato Frez o Javier Soto. Y peor que eso, su extrapolación del funcionamiento del movilh hacia la diversidad sexual, es lo mismo que asumir que las dinámicas internas de la iglesia evangélica x que sale en la tele (incluídas esas donde el pastor elige quien se casa con quien, las de la prosperidad, la que el pastor abusó con excusa divina, etc) deberían ser si o si una representación de lo que son sus valores.

    Ahora, mi entrada no trata de Rolando Jiménez (que en verdad para mi sólo es una persona que representa a un colectivo con acceso a la prensa, y nada más), pero usted ha desviado convenientemente el asunto. El tema es el siguiente, ¿Qué haría usted si su hijo o hija resulta que tiene por compañero a un niño o niña criada por una pareja del mismo sexo?¿Qué pasaría si a la escuela dominical el domingo llega a la clase un niño invitado, y tiene una familia diferente?... Porque es de eso de lo que trata el cuento. No de si Nicolás o sus papás van a arder en el infierno (me imagino que lo más probable es que aunque sean mamá y papá ardan igual por no ser evangélicos, igual que usted), ni de si sus papás pecan o no, o cuáles son los detalles de lo que hacen en la intimidad para expresarse sus afectos. Eso no le compete a un niño de cinco años. Lo que si le compete es que, aunque según la fe que ha heredado de sus padres, todos sus amigos y profesores arderán por toda la eternidad por fornicarios, groseros, por pertenecer a otra religión o por lo que sea (incluyendo el ser parte de una familia inusual, con papás solteros o padres del mismo sexo), el debe respetar a esas personas como humanos igual que él, de la misma forma que le gustaría ser tratado, porque los prejuicios corren por lado y lado. Yo, como niña evangélica que fui, pasé muchos malos ratos antes de empoderarme con ese aspecto de mi identidad cultural, y fui muy molestada por andar con la Biblia, el largo de mi Jumper y por no conocer a los cantantes de moda. Ni el niño cristiano, ni el hijo de una pareja gay, ni el niño feo, el gordo, el pelirrojo, el mapuche. Ninguno merece ser estigmatizado, y no sólo los que a usted le simpaticen. Es su deber ver cómo le trasmite a sus hijos eso. El ocultarle a él que hay otras realidades no hará que dejen de estar ahí. Saludos.

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