lunes, 5 de septiembre de 2011

Nuestras Gatitas



Cuando decidimos vivir solas con la Cata, quisimos llevarnos a la Pelu, mi gata regalona, con nosotras. El primer mes, en la Agüita de la Perdiz, lo pasamos sólo con ella. Cuando no estábamos, ella salía a la calle y jugaba con otros gatos del cerro.  Hasta dormía con nosotras y nos encariñamos con ella mucho más que hasta entonces.  Luego, al cambiarnos de casa, empezamos a ver cómo sus juegos e interacción disminuían, hasta que llegó el punto de dejar de comer. Nosotras pensamos que estaba "bajoneada", ya que en la nueva casa no habían más gatos cerca. Por eso, decidimos traer una gatita para acompañarla. Ahí llegó la Juno, que también venía de la casa de mi mamá.  
Con los días se acostumbraron mutuamente y empezamos a verlas correr por la casa, subirse a los muebles y destruir todo a su paso en sus juegos. Hacían todo juntas, incluso se acicalaban mutuamente. Era  muy divertido verlas juntas.


Un par de meses después, mi mamá nos pidió que nos lleváramos a una de sus gatitas, que estaba muy enferma y requería cuidados que ella no le podía dar. Se llamaba amiga, y era una pequeña y sucia gatita esquelética que, además, resultó ser muy apática con las aotras gatas. Sin embargo, eran capaces de convivir. La Juno era medio loca y trataba de jugar con Amiga, lo que la aterraba. Al final asumimos que Amiga no se uniría a los juegos de las otras dos gatas. Tratábamos de vivir con las 3.
Pelu y Juno
Amiga empezó a engordar hasta convertirse en una bolita con diseño vacuno. Amiga no jugaba, ni correteaba. Su colita está quebrada por lo que no saltaba ni se subía al techo, pero era muy cariñosa. La verdad es que su nombre se aplica sólo a los humanos, pues no es amigable con los gatos, y durante ese tiempo se hizo evidente.




En Enero de este año, la Pelu cambió su conducta. Nuevamente se volvió retraída y dejó de comer. Una mañana notamos que sangraba. La llevamos al veterinario. Era leucemia. No podíamos saber cuánto más iba a vivir, pero al menos tendríamos tiempo para acostumbrarnos a ello. Empezó un período de muchos cuidados para ella. No podía pasar frío, debía tomar medicamentos en forma permanente para evitar infecciones y la anemia, que siempre amenazaba. En esos días nos consolábamos pensando que, al irse ella, nos quedaríamos con la Juno(que era "su amiga") y Amiga.

Amiga
En Abril, la Juno murió sorpresivamente, atropellada en la entrada de nuestra casa. No puedo referirme a eso en forma más extensa, pues aún me corren las lágrimas con sólo pensarlo. Fue muy duro para nosotras. No sé cuánto tiempo pasará hasta que pueda pensar en ella sin sentir dolor.
La misma semana que murió la Juno nos cambiamos de casa. Ahora teníamos dos gatitas en una nueva casa. Amiga seguía engordando, y la Pelu debilitándose. Sabíamos que llegaría ese momento, pero no queríamos pensar en eso, porque aún estábamos afectadas... La Pelu sobrevivió a la Juno en algo más de tres meses. Luego llegó su hora, el cáncer se la llevó hace un mes... y aún la extraño muchísimo. En la vida he llorado por decenas de gatos. Pero nunca estuve tan encariñada, ni sentí tanto dolor por alguno como con ellas.


Ahora tenemos tres gatitas, nuevamente: Amiga, Aranza y Budín. Las tres están libres de la leucemia. Las dos gatas nuevas juegan y corren por los rincones, tal como alguna vez lo hicieron la Pelu y la Juno. Verlas jugueteando me hace olvidar, en parte, el dolor que aún siento por ellas. Espero que el dolor cese, y también que me ayude a no volver a desarrollar afectos tan fuertes por animalitos... aunque es casi inevitable.





                                                                                                                                 

1 comentario: