lunes, 20 de noviembre de 2006

¿Por qué?

"Cuando se puso en camino, un hombre corrió hacia él y,
arrodillándose, le preguntó: "Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la Vida eterna?".

Jesús le dijo: "¿Por qué me llamas bueno? Sólo Dios es bueno.
Tú conoces los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no perjudicarás a nadie, honra a tu padre y a tu madre".
El hombre le respondió: "Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi juventud".
Jesús lo miró con amor y le dijo: "Sólo te falta una cosa:
ve, vende lo que tienes y dalo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo.
Después, ven y sígueme".

El, al oír estas palabras, se entristeció y se fue, apenado, porque poseía muchos bienes.

Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos:
"¡Qué difícil será para los ricos entrar en el Reino de Dios!".

Los discípulos se sorprendieron por estas palabras, pero
Jesús continuó diciendo: "Hijos míos, ¡qué difícil es entrar en el Reino de Dios!

Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja,
que un rico entre en el Reino de Dios".

Los discípulos se asombraron aún más y se preguntaban unos
a otros: "Entonces, ¿quién podrá salvarse?".

Jesús, fijando en ellos su mirada, les dijo: Para los
hombres es imposible
, pero no para Dios, porque para él todo es
posible.
"


Marcos 10:17-28.
Como ya había reflexionado antes en el otro punto, ahora lo omitiré.
Hoy sólo quiero decir una cosa respecto al texto: no puedo salvarme.
No puedo hacer nada para ganar a Dios, y eso no es sorpresa. Quizás ahí estuvo el problema del Joven Rico. Él quería hacer cosas para ganar a Dios, quería ver cómo conseguirlo a través de sus obras.
Creo con firmeza que la Biblia enfatiza en el que no podemos hacer nada para salvarnos. Cualquier esfuerzo propio por conseguir el favor de Dios sólo logra ser un modo de demostrar merecimiento, cosa que la Biblia rechaza (Ro 3:23). Desde ahí puedo concluir que, cualquier esfuerzo que se me pida para alcanzar a Dios, negaría la eficacia del evangelio.
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También creo que la Biblia afirma que cualquier esfuerzo humano, por agradar a Dios, debe ser en agradecimiento a su entrega (Ro 12:1), que es producido por Dios (Fil 1:7, Ef 2:8,10) y que de ninguna manera debería generar jactancia (Ef 2:9).
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Creo, también, ligado lo anterior, que la salvación sólo se consigue por fe, y que la Fe es un Don de Dios, de modo que no consiste tampoco en una obra humana, sino en un regalo entregado a seres que no lo merecen.
Ahora, esta fe entregada por Dios, genera en el receptor una respuesta al evangelio, logrando que le otorgue un valor central en la vida, y que se apoye en él. Entrega seguridad, paz y un nuevo sentido de la vida, muchísimo más amplio que el natural; lo que generaría una profunda devoción al creador-salvador... y la entrega de la vida en agradecimiento.
De ahí que muchos se aventuren a medir la fe a través de las devoción del que alega tener fe, considerando como muestras dedevoción los cambios de actitud y conducta.
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Ahora, y aterrizando un poco el asunto: ¿Se puede exigir un cambio de actitud para asegurar la salvación?
Y lo digo porque me declaro, como dije en un comienzo, incapaz de conseguir el cambio esperado para "lograr salvarme".
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Ahora que pienso, y pienso, creo que no debería exigírseme nada. Ni yo debería hacerlo tampoco.
Ya que, si presento como respuesta de fe, el deseo de hacer resurgir mi devoción, teniendo claro que tengo temas no resueltos y áreas donde ni siquiera tengo la disposición de cambiar, debería confiar que, si hay que generar un cambio, el deseo de hacerlo será mayor que mi propia rebeldía, y me veré convencida por él, por la fe.
De alguna forma, él, ha logrado un cambio de mentalidad suficiente como para que resurgiera la intención de establecer un acercamiento, no basado en el miedo. Creo que es por la fe que me fue entregada en un punto, cosa que yo no elegí, y por la cual me he lamentado en reiteradas ocasiones.
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¿Si creo que la obra es de él, porqué tengo que hacerla yo?
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Todo esto lo digo después de una conversación que me hizo entrar otra vez en crisis, cuestionando el fondo de mis intenciones. Debo reconocerlo: llegando a mi casa, luego del diálogo, redacté una defensa de mi comportamiento (considerado errado por gran parte de los que llenan las iglesias) de 7 páginas, que no tengo intenciones de publicar, ya que más que respuestas positivas (relacionadas con una lectura abierta) y críticas (relacionadas con la validez de mis argumentos), probablemente el tema terminaría en ataques personales y el cuestionamiento de mi actitud al desarrollarlos, tal como ha sido en ocasiones anteriores.
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De ahí, bueno, fue que decidí volver a las bases...
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Y bueno, que Dios juzgue mi pensar y mi actuar. Yo, por mi parte, he decidido aceptar su amor.
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Por último, me queda algo que podría medir mi actuar:
"Todo el que obra mal odia la luz y no se acerca a ella, por temor de que sus obras sean descubiertas.
En cambio, el que obra conforme a la verdad se acerca a la luz,para que se ponga de manifiesto que sus obras han sido hechas en Dios". Juan 3:20-21

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